Un servidor, que vivió en primera persona el crash de 1987, puede asegurarles que aquello fue una tranquila merienda campestre de boy scouts. Allí se limitaban a contarse cuentos de miedo al anochecer. Aquí aparece cada noche el de pesadilla en Elm Street con la motosierra dispuesto a cortar cabezas.
El ambiente entre los institucionales en que me muevo es de absoluto desánimo y nadie ve solución ni a corto ni a medio. Muchas voces se alzan apostando por un suelo, pero nadie, absoutamente nadie se fía de nada, y es más, dudo que en bastante tiempo y no hablo de meses, nadie se fíe de nada.
Estamos en una situación absolutamente excepcional, en la que no sirve ninguna comparativa con situaciones pasadas. Nunca desde 1929 las bolsas habían tenido que convivir con una recesión de este calibre ni con un credit crunch total como éste, y todo a la vez.